A trece días del balotaje:
Las decisiones del próximo gobierno comienzan a despuntar, sus resultados tardarán más; pero, tarde o temprano, se vivirán sus consecuencias.
No obstante, hay ciertos indicios de que algo no menor ha pasado, la identidad del Peronismo se ha disfumado. Se ha esparcido, pero también se ha alejado.
¿Dónde está? ¿En el macrismo (variante siglo XXI del menemismo)? ¿En el massismo? ¿En el PJ de Beder Herrera, de Urtubey? ¿En el Kirchnerismo? ¿En el Cristinismo?
Está en todos al mismo tiempo, también en Rodríguez Saa, en Capitanich…hasta en Scioli.
Esto ocurre cuando algo pasa a ser de todos, o de casi todos, la identidad se disfuma.
Hay Peronistas ortodoxos del ’45 (quedan algunos), hay setentistas, los hay nacionalistas, de centro izquierda, de izquierda y también neoliberales.
Estos comentarios pueden resultar revulsivos para quienes (como yo) con todo el derecho que les asiste, afirman “este” es el Peronismo y detallan prolijamente los resultados de doce años que avalan su discurso… Pero, también, son revulsivos para miles de personas que se asumen como peronistas y que forman parte del 51,34% que avaló al próximo presidente. ¿Ellos son menos peronistas?
Estos comentarios podrían ser de relativa importancia, si no fuera por el riesgo enorme de que los sectores más vulnerables de nuestra sociedad sufrirán las consecuencias de lo que se avecina, en parte consecuencia de lo explicitado.
La sociedad argentina definió un camino, al menos por cuatro años, de neto corte neoliberal, y muchos que se asumen como peronistas lo hicieron posible. De lo contrario, sería admitir que sectores con ingresos medios bajos y humildes que votaron “la revolución de la alegría”, de la noche a la mañana, abrazaron alborozadamente el credo del libre mercado.
A partir del 10 de diciembre, y al mismo tiempo en que se develen los lineamientos del próximo gobierno, se medirán las fuerzas de los diferentes “peronismos”. Sin embargo, estas tensiones y contradicciones serán secundarias, de algunos pocos, puesto que no serán referencia para la mayoría de los argentinos, como en otros tiempos.
La identidad peronista se disfuma.
Los jóvenes que tienen menos de treinta años nacieron después de 1985, son hijos de la Democracia. Para ellos, Perón y Evita son tan “lejanos” como para mí era Don Hipólito; el 17 de octubre fue un hecho tan reciente para esos jóvenes como para mí la conquista de la primera elección libre, sin fraude, en 1916. Es algo inherente al espacio/tiempo, no a la ideología ni los sentimientos.
Tamaña tarea nos queda para los que creemos en una alternativa Nacional y Popular: reconstruir una fuerza política frentista que sea capaz de reformular la demanda, de empoderarse para ganar el gobierno en el 2017 e implementar las políticas que merece nuestro pueblo en el marco de una América Latina unida e integrada, tal como lo hicieron Néstor y Cristina en estos doce años.
Desde la razón y la pasión, y como asumiera desde el momento del enfrentamiento con las patronales oligárquicas terratenientes, la única Conducción que reconozco de esa alternativa Nacional y Popular es Cristina Fernández de Kirchner.
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